Estado de bienestar y la crisis europea en el de resto de los PIIGS

Posted on enero 21, 2012

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El siguiente post es una continuación de la discusión anterior acerca de la relación entre la crisis europea y el estado de bienestar, y una reacción directa a un comentario escéptico sobre la interpretación aquí provista (a saber, que no existe relación).

Para poder avanzar creo que hay que tener en cuenta tres elementos fundamentales que no fueron recalcados lo suficiente en el post anterior:

1) Que los países en Europa son tan distintos como los países en América Latina, y ello aplica directamente a la situación actual y las causas y repercusiones de la crisis en cada país. En breve, hay que saber distinguir entre países que tienen distintos perfiles industriales (y por tanto, patrones de crecimiento) (ver por ejemplo Crouch, Hollingsworth y Streeck 1994) y también distintos tipos de estados de bienestar (véase el estudio clásico de Esping-Andersen 1990) (para una síntesis analítica y empírica de ambas variedades ver Amable, 2003).

2) Los estados de bienestar del sur de Europa (todos parte de los PIIGS, salvo Irlanda) pertenecen a los estados de bienestar conservadores. Estos tipos de estados de bienestar se caracterizan por un gasto social significativo, cercano al 20-25% del PIB; mayor que el 15-20% del PIB de los liberales como Irlanda y el Reino Unido, pero menor que el 25-30% de los socialdemócratas como Suecia, Noruega y Dinamarca (ver datos de la OECD). Sin embargo más allá de cuanto se gasta, importa saber cómo se gasta o en qué se gasta, siguiendo la intuición de Esping-Andersen. El adjetivo de “conservadores” viene del hecho que su estructura de beneficios se basa en la relación familiar tradicional entre un hombre trabajador y una mujer dueña de casa. El estado de bienestar gasta lo que gasta en el hombre trabajador, que recibe mejores o peores beneficios según su ocupación, y descansa ampliamente en la capacidad de la familia (la mujer) de proveer cuidados a los niños y a los ancianos al interior del hogar. En el sur de Europa los estados de Bienestar conservadores han adquirido una variante característicamente mediterránea, donde el rol de la familia es aún más marcado (ver Ferrara 1996). A diferencia de los estados de bienestar universalistas escandinavos, e incluso los conservadores más moderados (Alemania, Francia, Bélgica y Holanda) esta variante del estado de bienestar desincentiva la movilidad ocupacional (nadie quiere perder beneficios), desincentiva el trabajo femenino (no hay servicios públicos de guarderías para niños, y el mercado del trabajo está fuertemente sesgado hacia los hombres) y desincentiva la fertilidad (pues las mujeres no se pueden hacer cargo de tantos niños a la vez; compárese, por ejemplo, las bajas tasas de fertilidad de Europa del sur con las altas de Europa del norte, una de cuyas causas, a juicio de Esping-Andersen, es el tipo de estado de bienestar).

3) Un aumento de la deuda puede deberse a uno de los siguientes efectos (o todos en conjunto): un aumento del gasto, una disminución de los ingresos, o un aumento del servicio de la deuda (intereses).

– Respecto al gasto, desde los noventa la tendencia ha sido en Europa a disminuir costos en el estado de bienestar, no a aumentarlos. Esto ha sido especialmente influenciado por la propia constitución de la Unión Económica y Monetaria (EMU): los criterios de Maastricht para entrar a la Unión requerían bajar considerablemente el gasto y la deuda, cosa que los países hicieron echando mano al gasto social. Por supuesto, de todos modos existió la tendencia contraria al aumento, pero esta vez debido al incremento gradual en el número de beneficiarios (principalmente en el caso de las pensiones de vejez).

– Los ingresos, en cambio, por regla general disminuyen -o  a lo más se mantienen constantes- debido a las disminuciones impositivas también asociadas a la entrada en vigencia del mercado común y la competencia entre estados por captar a las empresas más dinámicas.

– Si bien las tasas de interés bajaron con la entrada en vigencia de la eurozona (algo que contribuyó enormemente a la generación de burbujas inmobiliarias en países como Irlanda y España), el aumento del servicio de la deuda es particularmente importante en el contexto del nerviosismo actual de los mercados. Como puede observarse en las noticias día a día (por ejemplo en la Bolsa de Londres o la BBC), lo que causa el pánico de los mercados no es ni el aumento de la deuda (mayor gasto público por ejemplo), ni la disminución de los impuestos (que ya se han disminuido), sino el incremento de la tasa de interés: tasas de interés que tienen que ver más con el pánico producido por la crisis financiera de 2007 -y sus coletazos que se extienden hasta hoy- que con un cambio en la situación objetiva de deuda en los países, como se desprende de los artículos.

Dicho esto, voy a revisar dos casos que conozco más de cerca: España e Italia.

España
El caso de España es similar al de Irlanda: si buscas los datos de gasto público y deuda, durante los años 2000 España era una de las estrellas de la UE (bajos déficit e incluso superávits desde 2006; deuda pública en relación al PIB cayendo hasta menos de 40%).

Desconozco los sectores productivos españoles más dinámicos, pero repetidos déficits en cuenta corriente durante más de dos décadas son en general signo de una economía que consume más de lo que produce y exporta. Y España (así como Grecia y Portugal) pudo hacerlo gracias a tener un Banco Central y una moneda que se mueven al ritmo de países productores y exportadores como Alemania.

Desde la entrada en vigor del euro, el país fue afectado por una burbuja inmobiliaria similar a la Irlandesa, que afectó los balances del gobierno luego de desatada la crisis subprime (debido al pinchazo de las burbujas y la necesidad de salir a rescatar a los bancos). El paisaje urbano cambió drásticamente (especialmente en el sur) con el boom inmobiliario, al mismo tiempo que se extendía el desempleo entre los jóvenes (dado el inmovilismo productivo). Hoy en día abundan los edificios a medio construir que quedaron como testimonio. Si tienes amigos españoles y jóvenes, preguntales sobre los elefantes blancos (y el Estado de bienestar)…

Italia
El caso de Italia es distinto. Es probablemente el único país (todavía algo) competitivo a nivel internacional de los PIIGS. Esa competitividad se basa hoy en los vestigios de la gran industria del norte (FIAT) y especialmente en el surgimiento espectacular de la denominada “terza Italia” en las décadas de las 70′ y 80′ (ni el norte avanzado, ni el sur atrasado, sino el floreciente centro). Se habló con fuerza de la “terza Italia” como una nueva forma de organización productiva que reemplazaría (o competiría) con el fordismo de la posguerra (ver Piore y Sabel 1984; Best 1990) combinando pequeños productores en densas redes de cooperación y relaciones con los gobiernos locales (industrias electrónicas y especialmente de la moda; por ejemplo compañias como Benetton). En los 80′ en Italia se hablaba de “il sorpasso” aludiendo al momento en que el PIB italiano llegó a superar al de Inglaterra, convirtiéndose en la 5ta economía del mundo. Hacia mediados y fines de los 90′, por diferentes razones, el dinamismo de estas industrias comenzó a deteriorarse hasta el día de hoy (ver el gráfico de abajo donde se observa que la cuenta corriente pasó a tener déficits permanentes desde fines de 1990). Al mismo tiempo, gobiernos conservadores (especialmente el de Berlusconi) se empecinaron en bajar los impuestos de las clases más ricas (él mismo) (ver el artículo de W. Streeck; aunque está en alemán se puede copiar y traducir con google translator y aún se logra comprender el mensaje).

El problema estructural de la deuda italiana hoy es una combinación de: estancamiento económico (por falta de dinamismo productivo sostenido), mantención de un estado de bienestar costoso pero que beneficia a una capa cada vez menor de la población y menor recaudación impositiva por la baja de impuestos a las grandes fortunas. El problema coyuntural de Italia, como se ve en los artículos de diario mencionados antes, no es tanto el nivel de la deuda (que se ha mantenido constantemente arriba del 100% del PIB durante mucho tiempo, y que creció otro 10% durante la crisis como se observa en el gráfico de abajo), sino la tasa de interés sobre esa deuda .

¿Cuál es la relación de esto con la crisis subprime? Los acreedores no quieren seguir prestando a Italia y eso se refleja en un aumento de las tasas de interés sobre los préstamos a ese país (la famosa barrera del 7% que fue sobrepasada en diciembre)  ¿Se debe ello a que aumentó considerablemente el tamaño del estado de bienestar durante la crisis? No. ¿Se debe a que creció considerablemente durante los últimos 15 años? No (véase los datos de la OECD citados arriba). Se debe a que los balances de los acreedores (los grandes bancos de inversiones que jugaron a la ruleta rusa durante la crisis subprime, varios de los cuales ya no existen como el caso de Morgan Stanley y Lehman Brothers) están aun llenos de esos activos tóxicos y necesitan dinero en caja para hacer frente a nuevas revisiones de los balances que pudieran significar aun mayores pérdidas.

Y de paso, un dato adicional: mientras los bancos son rescatados a costo cero (tasa de interés de 0 por el dinero de los contribuyentes), para ser “salvados” los gobiernos tienen que pagar tasas del 7 o más (es decir, 700 veces más!!!) (ver noticia en El mostrador).

Dicho esto, alguien podría aún pensar que el estado de bienestar es tanto origen como gatillante de la crisis en el caso de Portugal y Grecia. Aun si así fuera el caso, sería difícil argumentar que estos dos países representan al continente -y al estado de bienestar- a tal punto de decir que este es el causante de la crisis europea y el resto de los males…

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